Ayer recordé a Babasónicos. Hace años solía escucharlos mucho, pero después salieron en EXA (supongo). Eso no es lo importante. Lo importante es contarles algo totalmente intrascendente, pero qué más da: es mi blog.
El título del blog es también la letra de una canción. Salió en la radio ayer por la mañana, mientras la escuela en la cual trabajo se preparaba para la gran inaguración de una exposición de diseño (en la que, ahora si, hay cosas buenas). En los días previos tuve que llamar a una serie de personajes mexicanos, todos ellos poderosos (aunque unos más que otros): Azcárragas, Burillos, Slim, Gil Díaz, etc. Elite económica e inmoral de esta nación. Gente que no hablaría conmigo, de no ser porque tenía la clave mágica para hacerlo: "hablo de parte de la Sra. Gina Diez Barroso".
El cocktail prometía, o nos prometieron que prometería. A las 6 no había más trabajo, todos esperaban. La escuela parecía un museo mal montado y la logística, antes inexistente, parecía comenzar a tomar fuerza. A las 645, subí. Era mi trabajo estar ahí. Llegó Diez Barroso. No sabía quién era yo ni que había usado su nombre libremente, que así pido pizzas ahora, esperando que tenga el mismo efecto que en Televisa. Fotos, flashes, pretención, snobismo. Me sentí incómodo, fuera de lugar.
En la salida me encontré a dos profesores, buenos amigos. Ni una palabra le dedicamos a esta gente de camino al metro. Mejor hablar sobre la vida, la calle, la luna, el sol, que estar dedicando el tiempo a farsantes adinerados, aunque ese, en verdad, sea mi trabajo.
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