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martes, 18 de octubre de 2011

Yo tenía un blog, pero luego tuve tuiter.

Yo tenía un blog. De hecho, tengo dos. Pero del otro no hay que hablar, porque este se pone bastante agresivo, y así todo vale madre. En este en el que ahora escribo, gustaba de quejarme de un trabajo de mierda que solía tener. Ahora, no lo hago tanto. Varias cosas pasaron: cambié de trabajo por uno que es "mejor" (¿qué chingados quiere decir eso?), y tengo muchas más cosas que hacer en él (¿será eso "mejor"?), y me obsesioné con tuiter.

Tuiter, esa caja infinita de quejas, de obsesiones malsanas disfrazadas de followers y following, esa arma de una revolución que surge de las mismas condiciones y con las mismas herramientas que crean la dominación. Tuiter, intercambio inmediato de frustraciones y deseos, de información y creación, de risa e indignación. Qué curiosa red, tan peculiar herramienta, que está matando mis entradas sustanciales en este espacio sin lógica aparente ni método infalible. Tuiteo y no blogueo, y en el camino invento verbos que nadie viene a corregir.

En fin. Besos.

lunes, 18 de julio de 2011

De vuelta

He vuelto a trabajar, percibiendo un salario fijo, que no voy a decirles, bola de chismosos. La primera observación: me duelen las nalgas.

Sigo reportando.

viernes, 18 de marzo de 2011

Fiesta de farsantes de la espuma social

Ayer recordé a Babasónicos. Hace años solía escucharlos mucho, pero después salieron en EXA (supongo). Eso no es lo importante. Lo importante es contarles algo totalmente intrascendente, pero qué más da: es mi blog.

El título del blog es también la letra de una canción. Salió en la radio ayer por la mañana, mientras la escuela en la cual trabajo se preparaba para la gran inaguración de una exposición de diseño (en la que, ahora si, hay cosas buenas). En los días previos tuve que llamar a una serie de personajes mexicanos, todos ellos poderosos (aunque unos más que otros): Azcárragas, Burillos, Slim, Gil Díaz, etc. Elite económica e inmoral de esta nación. Gente que no hablaría conmigo, de no ser porque tenía la clave mágica para hacerlo: "hablo de parte de la Sra. Gina Diez Barroso".

El cocktail prometía, o nos prometieron que prometería. A las 6 no había más trabajo, todos esperaban. La escuela parecía un museo mal montado y la logística, antes inexistente, parecía comenzar a tomar fuerza. A las 645, subí. Era mi trabajo estar ahí. Llegó Diez Barroso. No sabía quién era yo ni que había usado su nombre libremente, que así pido pizzas ahora, esperando que tenga el mismo efecto que en Televisa. Fotos, flashes, pretención, snobismo. Me sentí incómodo, fuera de lugar.

En la salida me encontré a dos profesores, buenos amigos. Ni una palabra le dedicamos a esta gente de camino al metro. Mejor hablar sobre la vida, la calle, la luna, el sol, que estar dedicando el tiempo a farsantes adinerados, aunque ese, en verdad, sea mi trabajo.

lunes, 28 de febrero de 2011

De trámites y encuentros fortuitos

Hoy de nuevo fui a Ciudad Universitaria. Iba determinado a conseguir tres sellos, tres sellos para liberarme, festejar y declarar cerrado un ciclo: el de la licenciatura. El primero de ellos fue fácil de conseguir. El octavo piso de la Biblioteca Central recibió mi tesis sin preguntar, sin chistar y sin joder. Parecía ir todo bien.

Después fui a la no-tan-ilustre Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Enclavada en un cerro lejano, pareciera aislada de toda grilla. Tal percepción es errónea. Para muestra, un pejelagarto. Hoy vi a Andrés Manuel, hablando de la necesidad de un Proyecto Alternativo de Nación (o eso dicen los diarios).

Pero yo no iba a escuchar a políticos delirantes, si bien hábiles, e incluso contestatarios. Una misión mucho más cercana a la tierra me llamaba: los dos sellos faltantes. Entré a la biblioteca decidido, para encontrarme con un grupo de trabajadores desayunando, o, como ellos le llaman: "se había caído el sistema." Mi paciencia y enojo triunfaron. Hablé con el coordinador. Dije palabras altísonantes (huevones). Al final, conseguí mi sello.

El tercero fue un fracaso. No tenía las fotos, los papeles, los documentos, ni nada. Tendré que volver el jueves. Así la vida, así las cosas.

El resto del día implicó lo usual: una silla, internet, nalgas sudadas.

Buen lunes!

viernes, 11 de febrero de 2011

Mala onda, buena onda

Mala onda:

1. Quiero escribir una crónica de mi día, pero no puedo pasar de una línea
2. Redacto una carta en la cual propongo modificar mi puesto (y salario). La hago intentando ser moderado. Se la enseño a una compañera de trabajo, norteña (no de Satélite, sino de Juárez) y me dice: "Como que traes muy arriba el pedo crítico, ¿no? Se nota que eres de Políticas."
3. Tengo una glándula salival tapada. Me tuvieron que inyectar.

Buena onda:

1. ¡Es viernes!