lunes, 21 de febrero de 2011

Mentir o no mentir

Dilemas morales llenan mís días. ¿Dormir o no dormir? ¿Comer o no comer? ¿Cagar o no cagar?

Bueno, probablemente ninguno de esos es un problema moral, sino físico, pero ustedes entienden. El punto es que, diario, nos tenemos que enfrentar a decisiones que podemos catalogar, de manera burda, como buenas o malas.

A menudo esas decisiones son puramente internas, como el hecho de que yo trabaje en una escuela de paga, en la cual los alumnos enriquecen a los dueños, quienes, además, a mi no me dan nada.

Creo que sería un error seguir por este camino de amargas quejas de la condición proletaria. Mejor es hablar de sus pequeños gustos, de sus victorias pírricas (pero victorias, ¿no?). Una de ellas vino de una decisión que podría ser catalogada como mala: mentir.

Sabía que para conseguir los papeles que necesito para titularme tendría que faltar un día al trabajo. Sabía también que ese permiso no lo iba a conseguir; ya había sido amenazado: no habría más después del último.

No me gusta mentir. Mi madre en varias ocasiones me ha dicho que es necesario; el budismo dice también que si la intención es buena, la acción queda absuelta; Nietzsche destruyó la escala de valores occidental cristiana; Pam me animó a hacerlo, pero a mi no me gusta mentir.

Esta vez, algo cambió. Escribir blogs quejumbrosos no puede ser mi vida. Tenía que mentir para faltar, y tenía que faltar para progresar. Hubiera querido no hacerlo, pero eso estaba fuera de la discusión.

Puse mi cara de enfermo. No sé si me creyeron. Sé que me ayudaron. Los buenos amigos que tengo en el trabajo pusieron todo en la mesa para obtener el permiso para irme temprano. Unos tacos malos, una pizza vieja, todo se juntó para crear una diarrea imaginaria. Emprendí la fuga. Vi el sol temprano. Salí con mi novia, Pam.

Al día siguiente, seguí enfermo. Terminé mis trámites urgentes de la titulación. Cinco votos, todo en orden. Pronto seré licenciado. ¿Boleto de salida? Ya veremos. Por lo pronto, me siento más ligero, feliz, con todo y las mentiras.

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