lunes, 14 de febrero de 2011

En el metrobús

El viernes no fui a una fiesta. Vamos, no me tomé siquiera una chela. Ese día, lejos de pasarla con mi novia, mis amigos, mis primos o alguien cercano a mi edad, pasé la tarde-noche en Sanborn's con mi asesora de tesis. Omitiré su nombre, pero calcularé su edad: 80 años.

Siempre he llevado una buena relación con las mujeres mayores. Y no, nunca he sido prostituto. Era muy cercano a mi abuela, a sus primas y hermanas, escucha atento de sus viejas historias e interesado investigador de las antiguas costumbres.

El caso no es, sin embargo, contarles los temas políticos, sociológicos, psicológicos, filosóficos, etc. que ella y yo comentamos ese día. Este blog no está diseñado para curar el insomnio. Lo verdaderamente curioso sucedió en el metrobús.

Ahí tienen que me subí al metrobús en Chilpancingo (no la horrenda capital del estado de Guerrero, por fortuna). Relativamente cómodo viajé hasta Doctor Gálvez. Ahí, por fuerza, tuve que cambiar de vehículo. En el nuevo metrobús iba, digamos, un poco más apretado. Gran parte del espacio lo ocupaba una silla de ruedas. Encima de ella viajaba una pierna rota, con tornillos, que pertenecía a un hombre que manoteaba, reía, bromeaba y platicaba animado con su acompañante. Supuse que era simpático, pues el grupo de albañiles que viajaba junto a él estaba también riendo.

Perdido en la música que salía de mis audifonos, no le presté mucha atención. De pronto, al levantar la vista, vi que los albañiles se miraban incrédulos. Sus miradas se dirigían al hombre de la pierna rota, y así lo hizo la mía también.

De su bolsa salió un papel. Lo desdobló. Miró su contenido y agilmente inhaló. De pronto, su intranquilidad, sociabilidad y excesiva energía (sobre todo para alguien con la pierna así de rota) tuvo sentido. El cabrón venía dándose unas líneas de coca.

Se bajó en la misma estación que yo, y me usó como barandal. Me quedé sin saber si reir, llorar o pedirle un pase. Preferí no hacer nada y comerme unas flautas de pollo, acompañado de mi asesora, mientras pensaba hacia dónde carajos va la humanidad.

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